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El espejo del confinamiento
Mariana González
En Colombia ya tenemos dos meses de confinamiento. Dos meses en los que todo se ha vuelto virtual, las reuniones con amigos, las clases y hacer las compras del supermercado. Muchos aspectos de nuestra vida cotidiana ya son ahora añorados recuerdos de otros tiempos, de otra vida. A veces siento que nos mantenemos fieles a estos recuerdos para mantenernos vivos y con cierta esperanza por el futuro. Extraño las salidas con amigos, las clases de las 7:30am, salir a pasear a mi perro un domingo y las idas a la playa un sábado por la tarde. Son esos momentos a los que me aferro desesperadamente. Tal vez lo hago para no perder la cordura, o tal vez para recordarme a mi misma lo valiosa que es la vida.
El confinamiento me ha llevado a varias reflexiones que me he dado cuenta que no estoy sola. Recuerdo que en Marzo la situación con el virus empezó a empeorar globalmente, China e Italia estaban cada vez peor en número de personas afectadas. Estados Unidos tenia los primeros casos, al igual que Colombia. Pero de manera absurda e irónica, como es la vida, mis planes para el año 2020 iban de maravilla. Estaba emprendiendo un negocio, iba a empezar clases de ballet (algo que quería hacer desde hace mucho) y las clases de la Universidad me motivaban, incluso aquellas que eran demasiado temprano y el sueño a veces se colaba mientras la profesora exponía un PowerPoint de sesenta diapositivas.
Tengo amigos que me han comentado que lamentan todo el tiempo que están perdiendo debido al coronavirus, todas las fiestas y reuniones que no han tenido, los romances de fin de semana que no sucedieron. Para mí no es así. Desde mi punto de vista, estos dos meses de confinamiento no han sido tiempo perdido. No lo digo por que he sido productiva y he decidido ejercitarme y volverme fit. De hecho, aborrezco a las personas que insisten en que hay que ser productivos para aprovechar el tiempo, cuando en realidad están pasando por alto que estamos en una pandemia, un evento histórico que marcará a la humanidad de ahora en adelante. Pienso que nada de esto es tiempo perdido. Las reuniones volverán, los abrazos, los besos, y aquellos momentos de paz y plenitud, en los que todo se siente bien.
Este tiempo “perdido” se ha vuelto como un espejo para mí. Es como si de manera forzada, me han puesto enfrente de un espejo para analizar mi reflejo, lo que soy, lo que fui hace dos meses y lo que quiero ser cuando esto acabe. He pensado en varios detalles de mi vida, como las decisiones importantes que he tomado, de las oportunidades que no tome, de los miedos que tuve y que aún tengo. Reflexionar sobre mis inseguridades ha ocupado gran parte de mi tiempo, sobre todo las tardes de los Miércoles cuando está atardeciendo. En estos dos meses he admirado el cielo y sus atardeceres más de lo que he prestado atención en clase, e incluso es esta admiración la que me remueve el corazón y pienso en todo lo que me gustaría cambiar de mí. Tal vez suene dramático, e incluso triste, pero en este tiempo me he dado cuenta que no tengo noción de quién soy. Estaba tan perdida en los andares del día a día, que no tenía tiempo para pensar en esas cosas existenciales, y ahora que el tiempo se ha vuelto nuestro motor, no he hecho mas que pensar y pensar y pensar.
Este tiempo de reflexión me ha llevado a pensar en lo insignificantes que podemos llegar a ser en el mundo y en el universo, y cómo todo se puede acabar de un día al otro, el amor, las amistades, la felicidad, la pasión. Pero es justo esa insignificancia la que me hace aspirar por vivir verdaderamente, sin preocupaciones, ansiedades o tristezas. Tal vez sea el confinamiento el que me ha dado este sentido de seguridad y recogimiento. Me gusta pensar que no es eso y que en realidad he cambiado.
El espejo que me ha mostrado el confinamiento me ha llevado a replantear la forma en la que vivo mi vida, marcada por miedo e inseguridad. En el reflejo me doy cuenta que la vida es corta y da muchas vueltas, al igual que es necesario atreverse a tomar decisiones que nos saquen de nosotros, pues es así como se aprecia la vida. Tal vez saliendo de esto me sentiré más libre, como si todos los miedos y problemas se hayan simplificado a una simple cuestión: nadie es perfecto, y todos pasamos por las mismas situaciones, las mismas incertidumbres y emociones. Es esa realización la que me ha permitido no solo simplificar los problemas de mi vida, pero también darme cuenta que vale la pena luchar por nuestra felicidad y plenitud.
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